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Coyuntura Empresarial y Financier
Por Víctor Ortiz Niño
El lento crecimiento económico es por factores estructurales
El 30 de abril se dará a conocer el desarrollo del Producto Interno Bruto
(PIB) en el primer trimestre del presente año, estimándose que sea en un rango
del -1.0 al 0.2 por ciento anual, el cual contrastará con el 0.9 por ciento del
cuarto trimestre del 2025, estimándose que en todo el año sea de alrededor del
0.5 al 1.5 por ciento anual, lo que mantendrá el lento desempeño económico que
ha presentado el País desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Si
se verifica el desempeño desde 1990 se tiene que el crecimiento económico medio
es de aproximadamente 2.2 por ciento anual; sin embargo, en los últimos siete
años ha disminuido para ubicarse en una tasa media de 0.9 por ciento anual.
Ante
lo anterior surge la pregunta ¿Por qué?
Para
responderla tomaré lo señalado en el artículo del Baker Institute de Rice
University, elaborado por Gabriela Siller Pagaza, José Iván Rodríguez-Sánchez,
denominado “Locked in Low Gear: Mexico’s Struggling
Economy” (A baja velocidad: la economía mexicana está en dificultades)
https://www.bakerinstitute.org/research/locked-low-gear-mexicos-struggling-economy
En
el mismo los autores analizan y concluyen que el lento crecimiento de México
está impulsado por factores estructurales, que requieren cambios significativos
en las políticas públicas para aumentar la tasa de crecimiento económico del
país, ya que las decisiones recientes pueden perpetuar la tendencia de bajo
crecimiento.
De
esta forma, abordan el tema de forma integral, al examinar los siguientes
aspectos: Cómo se han desempeñado y la problemática que se tiene en la economía
formal e informal, la productividad de la fuerza laboral, la inversión privada y
pública, la situación fiscal, tener un presupuesto federal rígido, el aumento de
la deuda, tener una inflación persistente, la incertidumbre en el comercio y la
inversión, las fortalezas y compensaciones en la exportación, tener un débil
mercado interno y su diversificación, además del impacto de los cambios
estructurales: reformas judiciales y regulatorias.
Con
todo ello concluyen que es poco probable que México experimente una recesión
económica, pero su economía en casi todos los sectores parece estar atrapada en
marcha baja. Esta condición debe entenderse como el producto de dos fuerzas:
1.
Un entorno
internacional cada vez más competitivo, que en gran medida se ha producido sin
ajustes fundamentales en la economía mexicana, así como la incertidumbre
introducida por la administración Trump en el sistema comercial mundial.
2.
Reconsiderar los fundamentos de la economía del
país, que es una perspectiva manejable para México.
Además de que muchos de los desafíos que enfrenta la economía mexicana provienen
de factores internos, especialmente de sus recientes reformas estructurales.
Al
alterar significativamente importantes estructuras de su economía moderna —
revertir una
reforma educativa, eliminar agencias reguladoras independientes y transferir sectores
estratégicos clave como la energía y otras infraestructuras a la propiedad
estatal, entre otros — el país se ha atrapado en una posición limitada.
Señalan que al reestructurar su poder judicial en un brazo que pueda ser
influenciado por el ejecutivo, junto con las reformas a la Ley de Amparo, se ha
vuelto más difícil impugnar los actos gubernamentales.
Esto
es especialmente cierto para los inversores, ya que puede haber poca recurrencia
en casos de desacuerdos entre inversores con las normas, regulaciones y
decisiones administrativas gubernamentales.
De
esta forma, los problemas estructurales de la economía mexicana que la encajan
en un equipo de bajo crecimiento son difíciles de resolver en las actuales
trayectorias de política, por lo que se deberían incluir cambios
constitucionales y legislativos sustanciales para incentivar la inversión, tales
como:
1.
Reconsiderar la reforma judicial.
2.
Abrir los mercados de energía y otras
infraestructuras para fomentar la inversión privada y extranjera.
3.
Restaurar agencias reguladoras independientes.
4.
Revisar las prioridades presupuestarias.
En
relación al presupuesto fiscal de México, opinan que se debería pretender
limitar los programas de transferencias de efectivo y pensiones, así como
canalizar más recursos hacia sectores estratégicos que aumenten la productividad
futura, incluyendo programas de educación y formación profesional, ciencia,
tecnología, infraestructuras críticas y sanidad. Estas revisiones deberían
realizarse junto con los esfuerzos para reducir el déficit y garantizar que la
deuda nacional permanezca por debajo del 60 por ciento del PIB para mantener el
estatus de grado de inversión del país.
Otra
solución para México reside en la Inversión Extranjera Directa, (IED), un factor
que fue destacado hasta 2022, cuando la nueva inversión representó el 50 por
ciento del flujo total (Figura 10). Si la nueva inversión se vuelve a esa
proporción y la reinversión en beneficios se mantiene estable, esto
desencadenaría directamente un aumento de 1,5 puntos porcentuales en el
crecimiento del PIB.
Para lograr lo anterior se requeriría: Promover México en el extranjero,
tareas que antes gestionaba ProMéxico y actualmente varios gobiernos estatales
individuales: mejorar la infraestructura pública, especialmente las autopistas y
la generación eléctrica; establecer un clima de certeza jurídica y económica,
especialmente en lo que respecta a los costes laborales, la política fiscal y el
Estado de derecho.
Al conocer lo anterior, en mi rancho expresaron: “Quien dice la verdad,
no peca pero incomoda”.