Prometeo

 

Por Mario Sandoval

 

 

México envejece, pero ya estamos en el mundial

 

México se acerca a una de las discusiones más incómodas de las próximas décadas.

No es la reforma judicial.

No es la elección de jueces.

No es la disputa entre Morena y la oposición.

 

No es siquiera el debate sobre programas sociales.

La verdadera discusión será mucho más simple:

¿Quién pagará las pensiones, la salud, la educación, la infraestructura y el gasto público de un país que envejece aceleradamente, crece poco y mantiene más de la mitad de su fuerza laboral en la informalidad?

La pregunta parece lejana.

No lo es.

México cuenta hoy con aproximadamente 17.6 millones de personas mayores de 60 años.

Dentro de pocos años habrá más adultos mayores que niños pequeños.

Y la tendencia es irreversible.

 

La diferencia respecto a países desarrollados es fundamental.

Alemania, Japón, Francia o Canadá envejecieron después de acumular riqueza, productividad e instituciones sólidas.

 

México está envejeciendo con crecimiento mediocre, baja productividad, informalidad superior al 55% y un Estado de derecho crecientemente cuestionado. Ese es el verdadero riesgo.

 

El sistema de pensiones que nadie quiere explicar

México no tiene un sistema pensionario.

Tiene varios.

Y algunos son mucho más generosos que otros.

Los datos son reveladores.

El IMSS concentra más de 4.8 millones de pensionados y jubilados.

Su pensión promedio ronda los 15 mil pesos mensuales.

El ISSSTE mantiene alrededor de 1.2 millones de pensionados con una pensión promedio cercana a 23 mil pesos mensuales.

En Pemex las pensiones históricas promedian aproximadamente 50 mil pesos mensuales.

En CFE alcanzan alrededor de 80 mil pesos mensuales.

Las Fuerzas Armadas mantienen esquemas especiales con beneficios superiores al régimen general del IMSS.

No se trata de cuestionar derechos adquiridos.

Se trata de entender la magnitud del compromiso financiero.

 

Al final todos esos sistemas dependen de la misma economía. Todos terminan financiándose mediante:

ISR.

IVA.

IEPS.

Derechos.

Deuda pública.

 

Es decir, mediante la riqueza que genera el sector productivo nacional.

 

La pregunta entonces no es cuánto recibe cada pensionado.

La pregunta es cuánto tiempo podrá sostenerse el sistema.

 

La generación privilegiada

La generación de la Ley 73 del IMSS probablemente fue la última gran generación pensionaria de México.

Muchos todavía pueden acceder a pensiones elevadas mediante esquemas como la Modalidad 40.

Algunos recibirán ingresos superiores a los obtenidos durante gran parte de su vida laboral.

Nada ilegal.

Nada indebido.

Simplemente fueron reglas distintas.

 

Pero la realidad de quienes hoy tienen entre 35 y 55 años será completamente diferente.

Esa generación enfrentará:

cuentas individuales;

menores tasas de reemplazo;

carreras laborales discontinuas;

automatización creciente;

inteligencia artificial;

informalidad persistente.

 

Y probablemente recibirá beneficios considerablemente menores.

 

Ahí aparece el conflicto intergeneracional que nadie quiere discutir.

Los sistemas generosos pertenecen al pasado.

Las restricciones pertenecen al futuro.

La factura de la CNTE

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación exige regresar al esquema previo a la Ley del ISSSTE de 2007.

Es una demanda legítima desde la perspectiva de sus afiliados.

Pero existe una pregunta que ningún dirigente sindical ni ningún político ha respondido con claridad:

¿Cuánto cuesta?

¿Cuál es el pasivo actuarial?

¿Quién lo paga?

¿Con más impuestos?

¿Con más deuda?

¿Con recortes a salud?

¿Con menos infraestructura?

¿Con menos inversión pública?

 

Durante campañas se prometen soluciones y reversiones a leyes.

Después llegan las matemáticas.

Y las matemáticas suelen ser menos generosas que los discursos. Pero se incumple promesas y ahí está la presión que salpica a todos.

 

El problema no son las pensiones. El problema es la economía. México mantiene una informalidad cercana al 55%.

Más de 33 millones de personas trabajan sin contribuir plenamente a los sistemas pensionarios.

Eso significa que millones de mexicanos generarán necesidades futuras sin haber acumulado reservas suficientes.

 

Al mismo tiempo la recaudación comienza a mostrar señales de desaceleración.

El ISR registra caídas relevantes.

La economía crece por debajo de su potencial.

La productividad permanece estancada.

Y la inversión privada muestra cautela.

 

El resultado es simple. Cada año existen más obligaciones. Pero no necesariamente más riqueza para financiarlas.

 

Estado de derecho y pensiones. Aquí aparece una relación que rara vez se explica.

Las pensiones no dependen únicamente de cuotas.

Dependen del crecimiento económico.

Y el crecimiento económico depende de la inversión.

La inversión depende de la confianza.

Y la confianza depende de la certeza jurídica.

 

Por eso el deterioro institucional sí importa.

Cuando inversionistas nacionales y extranjeros comienzan a privilegiar arbitrajes internacionales sobre tribunales nacionales, el mensaje es claro.

Existe desconfianza.

 

Cuando la reforma judicial requiere una reforma a la reforma antes de consolidarse, existe incertidumbre.

Cuando la ejecución de contratos y garantías tarda años, existe un costo económico.

Cuando la recuperación de créditos se vuelve incierta, aumenta el costo financiero.

Todo ello termina afectando:

inversión;

empleo formal;

recaudación;

seguridad social.

 

Es una cadena económica completa. Sin Estado de derecho funcional no existe crecimiento sostenido.

Y sin crecimiento sostenido no existen pensiones sostenibles.

 

Pemex, CFE y el elefante en la habitación. Mientras el país discute pensiones, también enfrenta:

pérdidas recurrentes en Pemex;

presión financiera en CFE;

mayores requerimientos presupuestales;

déficit fiscal creciente.

 

Las empresas públicas continúan absorbiendo recursos que compiten directamente con:

salud;

educación;

infraestructura;

seguridad.

La salida reciente de la dirección de Pemex después de poco más de un año refuerza una percepción incómoda:

México sigue privilegiando afinidades políticas sobre resultados verificables.

Y los mercados observan.

 

La pregunta que nadie quiere responder. México parece convencido de que puede financiar simultáneamente:

pensiones crecientes;

programas sociales crecientes;

salud creciente;

educación creciente;

infraestructura creciente;

empresas públicas deficitarias;

deuda creciente.

 

Pero evita discutir de dónde saldrá el dinero.

La realidad es que ningún gobierno puede distribuir indefinidamente riqueza que no se genera.

Y ningún sistema pensionario puede sobrevivir indefinidamente si la base productiva se debilita.

 

El Mundial no pagará las pensiones. Dentro de unos días México celebrará el Mundial de Futbol.

Habrá estadios llenos.

Habrá turismo.

Habrá propaganda gubernamental.

Habrá discursos optimistas.

Pero ninguna de esas cosas resolverá el problema estructural.

 

México envejece. La población económicamente activa crecerá más lentamente.

La presión sobre salud aumentará.

Las pensiones seguirán expandiéndose.

Y los jóvenes enfrentarán un sistema menos generoso que el de sus padres.

 

La discusión ya no es ideológica.

Es actuarial.

Es económica.

Es demográfica.

México sigue discutiendo cómo repartir el pastel.

Pero evita discutir cómo hacerlo crecer.

 

Y esa es la verdadera amenaza.

Porque las matemáticas actuariales no votan.

No militan.

No marchan.

No hacen campañas.

Simplemente llegan.

Y cuando llegan, terminan imponiendo la realidad a todos los gobiernos.

 

X: @MarioSanFisan

 

Mario Sandoval

PROMETEO ( previsión/prospección)

CEO FISAN SOFOM ENR

www.fisan.com.mx

Banquero a nivel Directivo con más de 30 años de experiencia de negocios.