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Prometeo
Por Mario Sandoval
Del Caudillo al Líder: El Desafío Pendiente
en México
Por
décadas, México ha oscilado entre el
caudillismo y el liderazgo en todos
los niveles: desde el poder político
hasta la alta dirección empresarial,
pasando por las estructuras
familiares y académicas. La figura
del “caudillo” —ese personaje
carismático, dominante y
centralizador— ha sido parte del ADN
de nuestra historia por siglos, y
aún hoy contamina la cultura
organizacional de gobiernos,
empresas, universidades e incluso
familias. La transición hacia
verdaderos liderazgos colaborativos,
institucionales y sostenibles es un
desafío que sigue sin resolverse.
Sector Público: La herencia del poder
absoluto. En el ámbito
gubernamental, el caudillismo tiene
profundas raíces. Desde Porfirio
Díaz hasta liderazgos contemporáneos
como el de Andrés Manuel López
Obrador, el poder suele ejercerse
con una centralización excesiva,
subordinando instituciones,
organismos autónomos y contrapesos
al mandato de una sola figura. Esta
forma de conducción apela más al
carisma y la legitimidad popular que
al profesionalismo técnico o la
institucionalidad.
En lugar de fomentar equipos
competentes y una administración
pública con visión de largo plazo,
el modelo caudillista premia la
obediencia y la lealtad personal. La
consecuencia es clara: políticas
públicas sin continuidad,
estructuras débiles y decisiones de
corto plazo.
Sector Empresarial: De fundadores carismáticos a
instituciones frágiles. El mundo
empresarial no está exento de esta
lógica. Muchas empresas mexicanas,
sobre todo familiares, nacieron bajo
el mando de un fundador
“visionario”, cuya palabra era ley.
Carlos Slim ha construido un imperio
basado en estrategia e innovación,
pero su figura sigue siendo central.
Ricardo Salinas Pliego, por su
parte, proyecta una imagen de
autoridad absoluta en su
conglomerado, con una cultura
organizacional que gira en torno a
su estilo personal.
El riesgo de este modelo es
evidente: cuando el caudillo falta,
el vacío de poder puede ser
catastrófico. Sin cultura
institucional ni procesos claros de
sucesión, muchas empresas entran en
crisis, o terminan en disputas
familiares.
Ámbito Familiar: Patriarcas fuertes, sucesores
débiles. En el seno de muchas
familias mexicanas, sobre todo de
tradición empresarial o política, el
caudillismo se reproduce en figuras
paternas o maternas dominantes, cuya
voluntad marca el rumbo de todos los
miembros. El “jefe de familia” toma
decisiones por todos, sin espacio
para el disenso o el diálogo. Esto
impide el desarrollo de los hijos
como individuos autónomos y genera
una dependencia emocional y
económica poco sana.
Además, en muchos casos, las
decisiones sobre el patrimonio
familiar, la empresa o incluso la
vocación académica de los hijos, se
toman sin consulta. Este modelo
paternalista puede crear
generaciones de “herederos sin
liderazgo”, inseguros, sin
iniciativa y con baja capacidad de
gestión.
Entorno Académico: Autoridad sin
pedagogía.
El
caudillismo también se manifiesta en
el ámbito educativo. Existen figuras
académicas que dominan cátedras,
facultades o centros de
investigación durante años, muchas
veces sin rendición de cuentas ni
apertura al relevo generacional. Las
universidades, lejos de ser
semilleros de pensamiento crítico y
liderazgo colegiado, terminan siendo
rehenes de egos, cuotas de poder y
jerarquías incuestionables.
Este fenómeno limita la
innovación, reprime la disidencia
intelectual y perpetúa estructuras
cerradas. Un verdadero liderazgo
académico, por el contrario, forma,
escucha y cede espacios para que
nuevas voces construyan el futuro.
¿Qué necesitamos?
La diferencia entre un caudillo
y un líder radica en su visión del
poder. El caudillo lo acumula y lo
controla. El líder lo distribuye, lo
comparte y lo transforma.
México necesita menos ídolos
personales y más líderes
institucionales. Líderes que
construyan equipos, preparen
sucesores, fortalezcan estructuras y
piensen en el legado más allá de su
propia figura.
En lo público, urge
profesionalizar el servicio civil de
carrera. En lo empresarial, hay que
institucionalizar las decisiones y
preparar planes de sucesión
efectivos. En las familias, se debe
fomentar la autonomía, la confianza
y el diálogo intergeneracional. Y en
la academia, urge transitar del
poder personalista al liderazgo
colaborativo y pedagógico.
Hoy formar parte de la elite
política y empresarial es contar
familias o apellidos relacionados en
el sector publico y privado. Pasan
generaciones y se nos promueven como
personajes extraordinarios que
aparecen en los puestos clave de
gobierno, de bancos o empresas
privadas, pero son los últimos 50
años mínimo. Un día son priístas,
otro día son demócratas y luego son
humanistas y con sentido social. Es
decir se adaptan a su conveniencia.
Hasta que hay cambios radicales como
Trump movimientos sociales que los
desestabilizan para ver cómo se
adaptan y acomodan en cada entorno
político economico.
¿Cómo impacta el caudillismo o el
liderazgo en la economía mexicana?.
El escenario macroeconómico
identifica el bajísimo crecimiento
económico que se pronostica
en 2025 menor del 1% del PIB, y ya
no se diga el per cápita que no
crece y nos ubica en la posicion 70
en el mundo con 10 mil dólares per
cápita en 2024. Es decir estamos
entre las 15 principales economías
del mundo pero no en el per cápita,
lo que confirma concentración de
riqueza en pocas familias y
empresas, el trabajo informal en
orden del 60% del total de los
empleos y el consecuente rezago
económico resignado en la mayoría de
la población y más con la
normalización de programas sociales
con enfoque electoral.
El tipo de cambio para este
2025 se pronostica en los 21 pesos,
pero con la palabra favorita de Mr
Trump es una sensación de
incertidumbre. Nuestras reservas son
superiores a los 236 mil mdd, pero
el escenario comercial y la alta
dependencia exportadora a USA lo
hace complicado en planeación y
estrategias. La inflacion se estima
en un 4% y ahora la tasa de
referencia es del 9%, sin embargo la
Reforma Judicial no estimula
crecimiento y con la participación
de personas poco conocidas, pero
alineadas políticamente e incluso la
participación de personajes de
dudosa reputación y credibilidad
profesional, hacen que la prudencia
sea mejor consejera en nuestras
decisiones financieras y legales.
Mientras sigamos rindiendo
culto al caudillo, no habrá futuro
sostenible. Solo cuando aprendamos a
liderar desde la corresponsabilidad,
estaremos listos para construir un
país más justo, más innovador y
verdaderamente democrático.
Mario Sandoval
PROMETEO ( previsión/prospección) CEO FISAN SOFOM ENR
Banquero a nivel Directivo con más
de 30 años de experiencia de
negocios. |